Agapornis: Formar parejas con éxito.

10 noviembre, 2015

pareja de agapornis

 

Hablando de animales siempre nos resulta extraño utilizar la expresión “amor de por vida” por ser un razonamiento que creemos que está únicamente ligado a la especie humana por su inteligencia superior.

No es así en todos los casos, ya que en el reino animal podemos encontrar a varias especies de animales que forman pareja por un largo periodo de tiempo o incluso de por vida. Si bien es cierto que en la mayoría de los casos se trata de aves, también podemos encontrar a mamíferos “fieles”, como los elefantes, los lobos o las orcas. Interesante ejemplo el de las nutrias que lo hacen todo en pareja: viven, viajan, cazan, juegan y algunas hasta duermen juntas tomadas de la mano.

 

pareja de agapornis

Centrándonos en los Agapornis, hay que recordar que estas psitácidas viven en manadas, son animales gregarios, con sus jerarquías, y que dentro de su colonia siempre se dividen en parejas. Por supuesto, estos ejemplares que viven en libertad se encuentran libres de mutaciones. Como mucho se pueden dar casos de apreciar algún factor de oscuridad, pero poco más. Es decir, son la real definición de un ave ancestral.

 

 

 

Necesidad de vivir en pareja.

 

Como ya hemos comentado en numerosas ocasiones, el Agapornis es un animal eminentemente reproductor. Es así como se sienten plenamente realizados y es ese uno de los problemas que afrontamos los criadores temporada tras temporada. Aun no terminan una nidada cuando comienzan la siguiente, llega el calor del verano y quieren continuar,… Es tan fuerte su instinto que sólo nosotros podemos y debemos mediar para que eso no suceda y su proceso reproductivo sea moderado por la propia salud de los animales.

Ya que no los vamos a devolver a su hábitat natural para que sea la propia naturaleza la que se encargue de regularlos sí debemos intentar que su vida con nosotros sea lo más parecida a la que tendrían allí, pudiendo desarrollar con plenitud las tres funciones vitales de todo ser vivo: nutrición, relación y reproducción.

colonia de agapornisDando por hecho que todo animal que tengamos en cautividad estará bien alimentado, nuestra lucha debe encaminarse en las otras dos funciones vitales. La función de relación, como su propia definición indica, es vital. Es necesario para su supervivencia que se relacionen con el entorno y con otros animales de su misma especie. Para ello les proporcionaremos un espacio lo más amplio y acondicionado posible y por supuesto, la compañía de otros miembros de su misma especie para que interactúen.

Nos vamos centrando en la tercera función vital: la reproducción.

En muchas ocasiones, cuando un aficionado nos pide opinión acerca de tener a un solo Agapornis por “no querer que críen” son muchos los criadores que responden aconsejando que lo mejor es tener a dos del mismo sexo. De esa forma crean su interacción entre ellos, pero no se reproducen.

pareja de agapornis nidoLos “Lovebirds”, como se conocen en otros países, son auténticos pájaros del amor. Sólo hay que sentarse delante de una voladera que contenga varias parejas criando para comprobar “in situ” la belleza de la vida en colonia.

 

 

 

 

 

Aspectos técnicos: El “encolleramiento”.

 

Sin duda las mejores parejas, en cuanto a su encolleramiento, son las que se hacen ellas solas. Quiero decir con esto que cuando criamos en voladera vamos a notar como, increíblemente, los pollitos prácticamente recién “destetados”, con unos sesenta días de vida, ya se dedican a buscar pareja y con unos lazos inmediatos entre ellos verdaderamente fuertes, independizándose muy rápidamente de padres y hermanos para volcarse totalmente en su nueva compañía.

Los criadores no todo lo hacemos bien, y en esta ocasión somos los culpables, por motivo de nuestra selección, de no permitir en la mayoría de los casos que esas parejas se hagan al antojo de los protagonistas sino al nuestro propio.

En mi caso, cuando dos Agapornis adquieren un encolleramiento espontáneo del tipo que he comentado y no presentan incompatibilidad mutacional o consanguínea, esa pareja ya no se separa.

pareja de agapornis jaulaPero hay que reconocer que en muchas ocasiones queremos sacar una descendencia concreta y para ello necesitamos que un macho de tal mutación se encollere con una hembra de tal otra.

En esos casos hay que recurrir a la jaula y contradiciendo a lo que he comentado anteriormente ahora sí necesitamos que no sea de muy grandes dimensiones, aunque bien hay que decir que será por poco tiempo. Ese tiempo del que hablamos será directamente proporcional a la edad de los ejemplares, es decir, un macho y una hembra jóvenes necesitarán muy poco tiempo para emparejarse mientras que dos ejemplares adultos necesitarán más tiempo, incluso sería interesante que al menos una vez críen en la jaula.

Existe otro caso en el que debemos hacer uso de la jaula. Se trata de formar parejas con ejemplares ya adultos, o que uno sea adulto y el otro joven. En esos casos es importante que no nos precipitemos. Las prisas nunca son buenas para estas situaciones. Una jaula de cría con separador es lo ideal. El macho a un lado y la hembra a otro hasta que observemos que su comportamiento expresa recepción, especialmente por parte de la hembra. Ellas son más peligrosas cuando se nos planteen estos casos. Siempre que uno de los dos salga herido, casi con toda seguridad será el macho el que ha recibido un ataque por parte de la hembra. Cuando usemos dos jaulas distintas para que se vean durante un tiempo, no debemos nunca introducir al macho en la jaula de la hembra. Cuando queramos hacer comprobaciones del emparejamiento lo haremos siempre a la inversa, es decir, introducimos a la hembra en la jaula del macho. Ellas son muy territoriales y se sentirán invadidas.

Cero problemas tendremos en ese aspecto si disminuimos casi totalmente el desarrollo de la función de relación a cambio de criar definitivamente en jaula. Las parejas que decidamos “programar” criarán sí o sí, aunque no interactuarán para nada con otros miembros de su especie que no sea con su propia pareja.

Ya usemos jaula o voladera para nuestra crianza, se puede dar el caso de una pareja deseada por nuestra parte que no haya manera de que se encollere. No se dan demasiados casos, pero se dan. Normalmente criando en jaula tarde o temprano terminan aceptándose y criando, difícilmente ocurrirá lo mismo en voladera, en cuyo caso es mejor que intentemos hacer un cambio en la pareja hasta ver que terminan siendo uno dependiente del otro.

 

Aspectos técnicos: La “incompatibilidad”.

 

Existen pocas incompatibilidades a la hora de hacer parejas entre Agapornis, pero de todas formas enumeraremos algunas de ellas.

parejas de agapornis

Por lógico que parezca, lo primero es comprobar que tenemos realmente una pareja de macho y hembra, por lo que la mejor opción es el sexado por ADN.

Luego, asegurarnos de que pertenezcan a la misma especie. Se siguen viendo a muchos híbridos, algunos incluso estériles, y eso es algo que debemos evitar a toda costa. Incluso no es nada aconsejable criar en voladera con varias especies a la vez aunque veamos que son estables entre ellos. Ya no sólo por posibles infidelidades, también podemos encontrarnos con celos a crías de otra especie, invasiones de nidos y fuertes peleas, o al menos eso viví yo mismo cuando en mis comienzos tenía a personatus y roseicollis en la misma voladera. Dicho esto, también menciono que otros criadores incluso han intercambiado polluelos de nidos de una especie a otra y no han tenido problemas.

Otras incompatibilidades irían encaminadas a las propias mutaciones del macho y de la hembra. Dos son los casos más importantes: hay que evitar que los dos miembros de la pareja estén mutados en Ino y hay que evitar que los dos lleven dos factores de oscuridad. El primero de los casos puede provocar debilidad en las crías y el segundo fallos en la estructura de la pluma.

Tanto en un caso como en el otro, además de lo comentado, también tienen la peculiaridad de que todas las crías estarían mutadas en la misma característica que sus progenitores, es decir, todos Inos en el primer caso y todos DD en el segundo.

Algunos criadores ponen en duda la muy posible debilidad que ocasiona el formar parejas de dos Inos. Sólo el tiempo da la razón en este asunto. Sin embargo, cierto es que una pareja formada por dos DD (doble factor de oscuridad) no tiene por qué dar malos resultados dependiendo del número de generaciones anteriores de los padres que estén mutados de la misma forma y también de la propia especie en sí, siendo menor el porcentaje de problemas por ejemplo con los roseicollis.

Existen otros tipos de combinaciones, que no es que sean incompatibles, pero en muchos casos no es interesante que un ejemplar lleve dos mutaciones juntas porque una hará invisible a la otra. Como ejemplos tenemos a un Ino que sea Arlequín o Marbled al que no se les va a notar estas últimas mutaciones, o al menos en su belleza total. Otros casos más antiestéticos son tal vez cuestión de gustos, como que un Marbled sea Arlequín, que siendo dos mutaciones de reducciones de eumelanina se “matan” una a la otra.

 

Aspectos técnicos: Combinaciones aconsejadas.

 

Existen combinaciones, que no es que sean incompatibles, pero que no tienen ningún sentido según lo que deseemos obtener de ellos.

Un ejemplo podría ser el de un precioso macho mutado en Azul y una hembra en Opalino Ino Verde.

f6Si no existen portaciones en una pareja así todas las crías que obtendremos serán Verdes, todas. Serán portadores, especialmente los machos, pero visualmente todas serán iguales.

Es por esto que siempre, lo más importante al hacer una pareja, es saber lo que nos van a dar y de esa forma decidir en consecuencia. Conocer sus portaciones es de importancia capital.

Esto nos va a pasar siempre con las mutaciones recesivas. Por ejemplo, un ejemplar mutado en Marbled y en Cara Naranja no tiene mucho sentido si su pareja no lo es o lo porta.

Una vez preparado todo lo anterior sólo tenemos que proporcionarles sus cajas-nido desde comienzos del otoño hasta avanzada la primavera. Veremos como las hembras van eligiendo nidos, los machos las protegen y… que la vida siga su curso.

 

 

parejas de agapornis en percha

 

Juan A. García.

“Agapornis La Isla”

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